martes, 19 de diciembre de 2017

¿Don o losa?





Es increíble cómo los seres humanos tendemos al autoengaño. Me viene a la mente ese chiquillo que tiene un deseo y decide que este se va a cumplir en función de cuántas pelotitas de papel logre encestar en una papelera. Mi conexión con los castings siempre fue desagradable. Primero por el hecho de ser una completa bruja conmigo misma. Nunca una canción estaba perfectamente ejecutada y nunca admití que alcanzar esa nota imposible me sacó de quicio. Y segundo porque mi ego (ese gran aliado) no soportaba una negativa tras tanto esfuerzo. Soy consciente de que nunca seremos idóneos en todas las pruebas, que no siempre se busca el mismo perfil, pero diablos, ¿es que nunca va a estar la suerte de mi parte? 
Como cualquier cantante he tenido mejores y peores audiciones, aunque reconozco que casi siempre me he marchado a casa con la sensación de haberme quedado a medias. Es extraño abandonar un lugar con eso recorriéndote el cuerpo. De alguna forma piensas que todo es culpa tuya, que quizá no debiste hacerte ilusiones y presentarte a una convocatoria donde no solo había cientos de postulantes mejores que tú, sino que previamente ya sabías que no encajarías. A veces porque no eras altísima y rubísima, otras porque no eras delgadísima y simpatiquísima, y en ocasiones porque no eras sobrinísima, hijísima o nietísima de alguien. (Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia, amigos). Casi resultaba un bálsamo saber que aquel rechazo lacerante no era porque hubieras desafinado cual cigarra moribunda, sino que en realidad se trataba de no hallarte en el lugar indicado ni en el momento preciso. Simplemente no era tu turno, así que te tocaba esperar. 
 



- Saray nos encanta tu voz. Eres sin duda brillante y yo por lo menos no había visto nada igual... Sin embargo, me veo en la obligación de decirte que no.- Dijo un señor desde la mesa y un improvisado trono.-   

- ¿Puedo saber por qué?- Pregunté desde la incomprensión.- 

- Porque hay demasiada diferencia de nivel entre tú y el resto de cantantes que habrá en escena. Siendo tan buena nos resulta injusto incluirte en el elenco ya que nos parece más equilibrado escoger a personas con voces similares. Pero que conste que eres maravillosa. Siente esto como un halago y no como un suspenso.


Durante años me disfracé de sonrisa y buen perder, aunque lo cierto es que en situaciones como aquella solo me apetecía estallar contra el sistema. En lugar de eso, regresaba cabizbaja a mi casa y después de reflexionar acerca del futuro, escogía un buen disco y me olvidaba de esa jornada.

No todo fueron noes, mas es curioso que estos permanezcan indelebles en el recuerdo fortaleciendo la idea de abandono en vez de potenciar mi avidez de crecimiento. Nunca fui una guerrera segura de sí misma, y a pesar de lo que muchos puedan pensar, aquella Saray que lo daba todo en escena no era más que un espejismo, alguien que en realidad no se correspondía con la verdadera persona que llevaba dentro. Mentí. Mentí mucho al respecto. Y caí en los brazos de la música como una auténtica tonta, permitiendo que esta delineara mi trayecto vital, dejando que me pateara cuando le viniese en gana y sacando a relucir mi versión más vulnerable.


De pequeña me costaba mucho relacionarme con los demás. En aquella época no existía el concepto de Bullying tal y como se conoce hoy en día, de manera que conviví con simples abusones en lo que se consideraba “un modo inevitable de que la niña entienda que el mundo no está a sus pies”. Lo soporté con estoicidad algunas veces, con vergüenza otras. Tal vez por la necesidad de integrarme volqué mis esfuerzos en destacar en algo. Y la expresión artística en ese sentido estaba de mi lado. Así que a medida que fui creciendo, descubrí que mi voz me convertía en un ser diferente al resto, y no como un bicho raro sino como alguien merecedor de cierto respeto. Era realmente adictivo y suponía una reconciliación conmigo misma tras años de recriminarme ser tan asocial.


Lo más gracioso de todo es que con el paso del tiempo he descubierto que en verdad jamás fui esa persona. Me aferré al hecho de ser alguien con amigos renunciando a mi esencia fundamental. No puedo reprochármelo, pues al fin y al cabo solo quería respirar sin ser juzgada o vapuleada. Ironías de la vida me metí en la boca del lobo sin ser consciente del examen general al que me expondría tomando ese rumbo.

Antes de convertirme en popular, (y digo popular porque el término famosa me pone la piel de gallina) cantaba para un público muy reducido, cosa que me parecía más que suficiente, quizá por el hecho de saber que en caso de fallar catastróficamente solo unos pocos se percatarían de ello. Aun así me gustaba lo que hacía. Me sentía viva con cada improvisación y disfrutaba de esos pequeños hallazgos casi producto de un encantamiento que se producen a veces en escena. En ese aspecto sí me siento afortunada. A pesar de las caídas y las bajadas, he experimentado en mi piel la belleza de un instante que puede pasar inadvertido para la mayoría pero jamás para mí. La realidad se paraliza cuando eso sucede aplicando cierta poesía al espacio, y honestamente no creo que sea algo que experimenten muchas personas, así que en cierto modo sería injusto decir que no me encontré algunos tréboles de cuatro hojas a lo largo del recorrido.

En aquella época no tenía mayores aspiraciones. No me preocupaba llegar a cada rincón del planeta o marcharme de esta vida sin grabar un trabajo discográfico para dejar alguna clase de legado a mis espaldas. Me conformaba, algo que años más tarde supuso una ruptura con mi yo más apacible. Cuando comencé a viajar y a experimentar en primera persona lo que implicaba ser conocida y trabajar a un nivel más ambicioso, me exigí un compromiso, y convencida de que había perdido el tiempo, decidí ser rígida y estricta con cada cosa a la que me dedicaba. Daba igual que fuera una actuación en un pueblo, una firma de discos, un concierto multitudinario o un simple ensayo. No tenía tiempo que perder, de modo que empecé a darme latigazos, a veces innecesarios, con tal de mantener aquel estatus emocional que me brindaba sostener un micrófono. Puede resultar frívolo, pero nada más lejos. Para mí el hecho de alejarme de mi versión más anodina y flácida era mucho más importante que aceptarme como ser imperfecto. Solo se trataba de “ser” y sin embargo se me antojaba la tarea más compleja que he tenido que enfrentar.

Pero por aquel entonces un estado de semiinconsciencia me impedía ver la verdad natural, así que continué vegetando unos años más hasta que me dieron la oportunidad de exhibirme ante el país entero. Todo a mi alrededor parecía conforme y en equilibrio, por lo que a pesar de sentirme desconectada de la realidad continué haciendo lo que mejor se me daba, que no era ni más ni menos que decir: - Estoy bien. Me siento preparada y lista para darlo todo.- (Mentiras y más mentiras). Y a la primera persona que mentí fue a mí misma. Por entonces mi corazón comenzaba a pedirme tiempo muerto y yo lo ignoré. ¿Qué demonios pretendía ahora? ¿Arrebatarme lo que tanto me había costado conseguir? De eso nada, caja de aurículas y ventrículos, ahora te aguantas como yo me he aguantado tanto tiempo, y si no querías esto haber espabilado cuando tocaba.

Tenía 24 años. 24 cándidos e ingenuos años. Quizá la mayoría a esa edad ya tiene suficiente madurez para asumir ciertas cosas, pero yo continuaba en el país de las florecillas y los pajaritos de colores. En mi narcisismo creía que nada ni nadie podría dañarme por aquel entonces, pero vaya si me di de bruces. Lo que pasa es que siempre fui de levantarme rápido, fundamentalmente porque si me quedaba mucho tiempo en el suelo era cuestión de minutos que otro abusón aprovechara la circunstancia para darme la patada del siglo. Lo que no sabía era que los abusones o bullies no solo te patean en el colegio. Están por todas partes y se alimentan del dolor. Y ahí estaba yo, repleta de eso que tanto ansían los bullies, abierta en canal y ajena a la marabunta que se concentraba a mi alrededor cual animales furibundos y hambrientos. Aunque quizá convendría destacar que al final me enfrenté al peor de los bullies que me acosaba: Saray Ramírez. La abusona número uno, amigos. Siempre preparada para machacarme en caso de precisarlo o no. Me costó defenderme, pero a base de constancia logré zafarme de ella.

Radio, prensa, televisión y redes sociales. Cuatro estamentos tan básicos para un artista como lo es una prueba de sonido o la consulta con el foniatra. A mí siempre me chocó. No porque me incomoden los medios, de hecho nunca me he negado a una buena entrevista, sino porque siento que más de una vez se antepusieron a la verdadera tarea que me había encomendado. Luego descubrí que eso que tanto me preocupaba, cantar, no era lo más importante. Y me llenó de ira. ¡Qué cosas se me ocurren! Pretender vivir de un arte en un país donde importa más con quien te acuestas que labrarte una buena reputación ha sido sin duda la mayor de mis meteduras de pata.

- Tienes un don.- Te dicen algunos.- Y no te queda otra más que ofrecérselo al mundo. Por algo Dios te lo ha dado.-


Menuda responsabilidad, ¿no? Quiero decir, ¿tener un don necesariamente te obliga a resquebrajar tus principios y vender tu alma? Piénsenlo un segundo, ¿merece la pena ignorar tu propia existencia y entregarte a una sociedad que solo te valorará por los billetes que se fabriquen a tu costa?

Y tras decir esto, díganme: ¿se trata de un don o de una losa?

12 comentarios:

  1. Hola Saray,tienes un Don,pero quizás no lo has sabido manejar. En los algodones de la familia y amigos,eras y eres la mejor. Pero lo que no supiste fue enfrentarte con la realidad de la vida. No es de color de rosa. Fuera de tu entorno te sentiste vulnerable y desprotegida. Lo que más duele es que por tu continúa inseguridad,eches a la basura tu esfuerzo, tu potencial, tus ilusiones etc.Te has rendido y tu mejor que nadie sabe que no todos los buenos están arriba.Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Lo único qué importa es sentirse bien, respetarse y amarse uno a sí mismo, todos los éxitos de la vida dependen de esto ,pienso yo, lo demás es fruto de esta elección. Decide amarte incondicionalmente , porque cuando se apaguen todas las luces de escena , sólo estarás tú...

    ResponderEliminar
  3. Ay Mayka, me encanta la música, de veras que sí, pero todo lo que la envuelve me produce urticaria. Supongo que no todo se puede tener bajo control (algo que de por sí ya me resulta una tarea extenuante jaja) pero depender de tantos factores no se hizo para mí. Puedo con el hecho de autoexigirme y doblar la espalda lo que haga falta; ahora, todas esas cosas que no puedo cambiar y que inevitablemente forman parte de esto me agotan y entristecen. En resumidas cuentas, si comparásemos la música con un regalo, te diría que el contenido me encanta pero el papel que lo envuelve me tira para atrás... Un beso!

    ResponderEliminar
  4. Completamente de acuerdo, Eli. He llegado a la conclusión de que lo importante es sentirse bien con uno mismo. Un besazo, hermana!

    ResponderEliminar
  5. Te doy toda la razón Saray,pero me entristece que no puedas disfrutar de lo que te gusta y de la forma de hacer que es magnífica. A veces las gentes pueden con nosotros,porque no somos como ellos; y otras veces no nos dejamos vencer. De cualquier forma,eres estupenda como artista y como persona y debes buscar lo que te haga feliz.Besos.

    ResponderEliminar
  6. Muchas gracias, Mayka. Te mando un fuerte abrazo a ti y a toda la familia!

    ResponderEliminar
  7. Obviamente tienes un don (diría más de uno, en realidad), pero que puedes usar cuando a ti te dé la gana, no porque cantes deliciosamente bien tienes que estar exponiéndolo cómo si fueras la atracción de turno pertinente, como puedan pretender algunos. Cómo si lo que te hiciera feliz no fuera lo importante, como si la persona que hay detrás de esa voz no tuviera que tenerse en cuenta. A veces creo que en muchos aspectos la sociedad involuciona. Nos han inculcado que el éxito, o, en este caso, los buenos artistas son aquellos que más venden, que más estadios llenan, que más discos sin sustancia venden. Bienvenidos a la prostitución de la música y del arte en general.

    Me da mucha pena leerte, no por nada, si no porque ha tenido que ser doloroso llegar a este punto. Pero, considero que es muy bueno para ti sacar todo esto, al final, todo lo que callamos o tragamos nos destruye por dentro. Así que mejor fuera. Lo que estás haciendo es un acto muy complicado de hacer, desnudar el alma, que es la esencia de nuestro ser, la más vulnerable, es de ser muy generosa y valiente. Pero, hazme un favor, y háztelo a ti misma, deja de fustigarte tanto. Está bien ser perfeccionista y exigente, pero, como bien dices eres humana ante todo. La vida es experimentar, un ensayo y error, equivócate, falla, cae, no pasa nada. Igual que cuando eres pequeño, te caes, te limpias el raspón y a volver a jugar. Considero que, al final, hiciste lo que creíste que debías hacer, para bien y para mal, desgraciadamente por lo malo, tenía que suceder así. Perdón, tampoco quiero sonar aquí como un sabiondo o como alguien que te aconseje sin haberlo pedido, no es mi intención.

    En definitiva, que si la Saray que conocí entonces me encantaba, la de ahora me fascina, no porque no supiera que eres humana, si no porque, mi admiración por ti ha subido un nivel más por tu generosidad emocional en este momento. Creo en las personas que tienen la gran capacidad de sincerarse y abrirse, en las que sienten y padecen, y no tienen reparo en decir "oye, me siento así, así y así." Sé feliz, como si eso implica hacerte un huevo frito a las 3 de la madrugada jajajaja, da igual, al final las cosas que importan son las que te sacan una sonrisa en cualquier momento. Gracias por compartirte.

    ResponderEliminar
  8. Jajaja lo del huevo frito me ha conquistado, Rafa! Mil gracias por tus palabras. Y decirte que por suerte las decisiones que me han traído hasta aquí implicaron una mejora inmediata a la hora de autojuzgarme. En el blog comparto esos sentimientos porque en esa época era mi manera de ver las cosas pero a día de hoy puedo asegurarte que ya estoy curada. Un besote, mi niño. Gracias por darme siempre tu apoyo. Muuuuac

    ResponderEliminar
  9. Jajajaja es que donde este un buen huevo frito 😂😂😂 Me alegro mucho porque te mereces estar bien contigo misma y ser feliz. 😘😘😘

    ResponderEliminar
  10. Lo mismo te digo, mi niño! 😙😙😙🤗

    ResponderEliminar
  11. Para mi punto de vista el problema comienza cuando algo que te apasiona a ti se convierte en el negocio para otros (a tu costa). En una palabra: el capitalismo. Y sí, a tod@s nos gusta el dinero y necesitamos comer y sobrevivir, pero seguro que entiendes a lo que me refiero. Una artista expresa de esa manera porque no sabe hacerlo de otra mejor. Tu cantas porque es tu forma de mostrar tu alma, por ejemplo, y entiendo cuando dices que algo tan mágico se vuelve tan frívolo cuando se transforma en una generadora de dinero a terceros. El arte es magia, es esencia, es verdad. Yo pienso que una cantante nunca deja de serlo, ni ningún tipo de artista, porque es parte de quien eres y sino dejarías de ser tú al 100%. Pero la música como industria, sí, el simple hecho de que lo llamen 'industria' produce urticaria. Conocí eso que ahora llaman bullying de muy cerca también justamente en la época en que entraste en mi vida, y sí es horrible, pero en el fondo creo que esa gente trata así por 'miedo a lo diferente' a las que se niegan a seguir al rebaño, les asustan las rebeldes sociales, las que se atreven a ser ellas mismas aunque algo de lo que hagan o digan "no mole" para la mayoría. En el fondo es envidia, porque ellos no se atreven a no seguir la moda. Y sí, la gente criticará siempre hagas lo que hagas absolutamente, estés en el punto de mira o no, porque en el fondo tod@s lo estamos por vivir en esta sociedad con redes sociales instantáneas, y sin ellas también (véase los pueblitos, o un edificio o una familia, etc), al final el ser humano es curioso y opina demasiado. Pero precisamente como nos van a criticar siempre, lo mejor es ser una misma, hacer lo que prefieras y que digan lo que quieran. La mejor respuesta es una sonrisa y palabras tan buenas como las que tu escribes en este blog. Quien de verdad sepa ver más allá apreciará lo bueno, y amiga, tu eres lo mejor! :D

    ResponderEliminar
  12. Eres una chica estupenda, Cris! Te agradezco tu tiempo y tus palabras. Tienes mucha razón respecto a qué sucede cuando el dinero se cuela en la ecuación, pero creo que ahora mismo hay que hacer un trabajo educacional extremo para conseguir que las cosas sean equilibradas y menos dañinas; que exponerse no signifique convertirse automáticamente en una diana.Y respecto a los abusones, es un hecho que la violencia que profesan nace de una inseguridad que camuflan a través de burlas y puñetazos. Entre todos podemos mejorar el mundo, solo tenemos que ponernos manos a la obra. Te mando un abrazo inmenso!

    ResponderEliminar