domingo, 31 de diciembre de 2017

Los falsos ídolos


Qué osado es opinar acerca de las decisiones que ha tomado alguien. Y no lo digo porque tengamos la tendencia a juzgar antes de tiempo a otros, sino por esa necesidad patológica de comprender cada uno de los actos del resto. No es algo que nos concierna por muy merecedores que nos creamos.
Supongo que los defensores más acérrimos de algunos artistas lo hacen desde un profundo afecto o admiración, pero en ocasiones no son conscientes de lo difícil que resulta a alguien que se encuentra en la cuerda floja continuar aferrado a esta cuando en realidad lo que quiere es dejarse caer. Somos unos egoístas. Es la verdad. A nadie se le ocurre pensar qué hubiera pasado si personas como Michael Jackson, Whitney Houston, Freddie Mercury o Amy Winehouse (por citar solo unos ejemplos) se hubieran decantado por otras profesiones. La primera reflexión al respecto sería algo así como que el mundo se habría perdido cuatro leyendas. Es lógico pensar de esa manera, pues al fin y al cabo aportaron tantísimo a la historia de la música que sería impensable imaginar un panorama sin ellos. ¿Y si a pesar de su talento hubiesen preferido tomar otra dirección? Nosotros como público nos habríamos perdido su arte, pero ¿y ellos? ¿Habrían ganado? Dadas sus circunstancias yo me atrevería a decir que sí, y aunque nunca sabremos qué sinos habrían experimentado, lo cierto es que ser una estrella tiene más inconvenientes que ventajas. Y no me vengan con asuntos como “nadan en dinero”, “la gente los adora”, “han conseguido cosas increíbles” o “gozan de apoyo incondicional” porque no es cierto. Tracen una vida intachable y verán cómo se desploma en cuanto cometan un mísero error. 



Y no, no comparto la opinión de que se creen dioses intocables. Creo que somos nosotros, el público inmaduro, quienes los situamos en lo alto de la cima para luego juzgarlos y arrancarles el corazón si se equivocan. Nos convertimos de repente en verdugos y ejecutamos sin piedad a los falsos ídolos. Ídolo, una palabra curiosa, todo sea dicho. La primera acepción de ídolo es: Figura de una deidad que es objeto de adoración. Y la segunda: Personaje público que suscita gran admiración entre la gente. Partiendo de que el término tiene una íntima relación con la divinidad, me parece muy cruel convertir a simples mortales en ídolos. Son personas, seres humanos, hombres y mujeres que hemos colocado como banderas y estandartes pero a los cuales no permitimos ni un descuido. Y todo ¿a cambio de qué? ¿De dinero? ¿De gloria? ¿La vida eterna? Ninguna de esas cosas mejora la existencia de nadie, porque que yo sepa los muertos, ídolos o no, muertos son. 

Hay algo que no deja de sorprenderme, y es que a pesar de que los medios se ceban con las estrellas estrelladas, muchos siguen con la idea de convertirse en lo mismo. No sé si es arrogancia por creer que a ellos jamás les sucederá o si se trata sencillamente de inconsciencia. ¿Tanto daño nos ha hecho el sistema educativo que somos incapaces de ver la realidad aunque nos la estampen en las narices?
Clavamos estacas en los pechos de aquellos que osan mancillar el podio de los ídolos pero no reparamos en las verdaderas atrocidades que nosotros, simples mortales, cometemos a diario. Qué hipócritas somos, ¿no? Digan lo que quieran, pero aunque se tratara de un podio hecho de diamantes pienso que por mucho que brille, su superficie huele a angustia, y antes de abalanzarme hacia el primer puesto con lo que ello conlleva, preferiría hundir los pies en barros y arenas perdidas.
Pero ¿quién soy yo para hablar de tramas e intrigas cuya única finalidad es generar euros incluso costándole la salud a unos cuantos elegidos? Al fin y al cabo me bajé a tiempo de la guagua que transportaba a los zombies desquiciados hasta el páramo terrible y desértico donde acaba la mayoría de quienes apuestan por un sueño. ¿Saben algo? He llegado a la conclusión de que una vez más nos hemos equivocado a la hora de plantear conceptos, y que en realidad cuando queremos decir ídolos nos referimos a individuos sentenciados a muerte; unos condenados que se pierden la vida por transitar a través de los corredores del dolor y la soledad.



Todo lo que envuelve a las estrellas es casi tan brillante como la disciplina que dominan, tanto es así que muchas de ellas observan su existencia pasar en una gran pantalla, rodeadas de fuegos artificiales y bandas de música al tiempo en que unos incondicionales sin rostro les tiran confeti y pétalos de rosas. Para cuando se dan cuenta del engaño, la carroza que las transporta ya se halla bien lejos del punto de partida, así que solo pueden continuar el recorrido o bajarse en medio de la nada, y discúlpenme, pero cualquiera de las dos opciones me parece aterradora.
Así pues, quizá deberíamos limitar esa necesidad imperiosa de señalar con el dedo a quien creemos mejor situado en la vida, o sencillamente desviar la vista si tanto nos incomoda. Total, ya estamos muy acostumbrados a mirar hacia otro lado cuando nos interesa, ¿no?

4 comentarios:

  1. Es un buen punto de vista. La fama y la gloria quizás no sean tan bonitas como parece, pero aparte de infelices, creo que también habrá quien ame su estilo de vida, no?
    Si me preguntas a mí, creo que lo ideal es el punto medio. Ni estrella ni estrellao.
    Como siempre, un blog digno de hacerse libro. Un abrazo!

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  2. Gracias, amigo! Supongo que nadie mejor que uno mismo sabe qué precisa y por supuesto hay que ser capaz de identificar los elementos que nos proporcionan felicidad. El mundo sería muy aburrido si todos pensáramos o quisiéramos lo mismo. Aún así pienso que nos educan para aspirar a cosas que claramente no suponen una felicidad inmediata. Está en cada uno de nosotros elegir nuestra senda y aceptar los pros y contras de nuestras decisiones. Un abrazo grande, artista!

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  3. Citados algunos grandes ejemplos de cómo la fama no da la felicidad en absoluto, nos han vendido qué tener éxito en la vida es tener y no ser...trabajar más para tener más,es lo q nos venden las multinacionales para hacernos esclavos de sus productos, una sociedad sumida en un circulo vicioso de compras y éxitos compulsivos, alcanzar la fama está de moda, es por eso que proliferan tantos concursos en los que se promete éxito , y al que van tantos atraìdos ante tal asunto, desde niños a viejos, nadie se salva, todos sueñan , y no dejan de ser nada más que carnaza , con fecha de caducidad... sálvese quién quiera!!

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  4. Sálvese quien quiera, jajaja! Me gusta, te lo robaré, me temo. Muaaac

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