viernes, 15 de diciembre de 2017

Veneno, síndrome de Estocolmo y partículas de realidad

“Triunfita”, “artista de segunda”, “pseudo-cantante”, “teleproducto sin alma” y un sinfín de bellos adjetivos como estos han formado parte de mi rumbo durante la última década. Supongo que me lo merezco, al fin y al cabo no hay barranco sin piedras ni herida sin sangre. Resulta cuando menos curioso que haya pasado los últimos 18 años de mi vida realizando una tarea que se me antojaba mágica y trascendente, y que de pronto ya no sienta nada. Y no, no me he vuelto loca ni he regresado de un retiro espiritual donde la máxima es practicar el desapego. La toxicidad que ha formado parte de mí durante tanto tiempo ha alcanzado el nivel de código rojo, y aunque me gustaría decir que en realidad no siento cuanto digo, lo cierto es que no he hallado mejor sensación que la de depurar mis empecinadas entrañas. Hace mucho que no tengo los ojos mojados ni viles esperanzas, y lo más increíble es que no lo echo en falta. Al contrario, me siento bien; una privilegiada que dejó de padecer el síndrome de Estocolmo y decidió librarse de cada una de las miles de toxinas que invadían su ser. No se confundan, no voy a echar culpas a nadie ni a negar las cosas buenas que he vivido. Solo quería quitarme un enorme peso de encima y no hallé mejor modo de hacerlo que compartiendo las cosas que, para bien o para mal, me han convertido en quien soy. Y consciente de que semejante relato implicaría muchas páginas, decidí repartir esas experiencias en varios capítulos a los que consideré oportuno llamar "Crónicas desde el vacío".

Al contrario que mucha gente con hambre de gloria, me dediqué a la música con una intención emocional. Mentiría si no reconociera que mi parte más vanidosa se veía logrando objetivos que poco tienen que ver con desempeñar un arte, como llenar un estadio o romper todos los récords de ventas. También tuve y tengo un ego probablemente más grande que yo misma, pero la cuestión es comprobar si, quizá por culpa de la inocencia, bebí de un sorbo litros y litros del mortal mejunje que inevitablemente anuló lo mejor de mí. Soporté la crítica, forma parte del escenario, y no me arrepiento de cada error, pues también somos el resultado de nuestros fracasos, los tropiezos, la pérdida de oportunidades y los sinsabores, o dicho de otra forma: Aprecié súbitamente esas partículas de realidad y las tragué aguantándome la respiración. No me preocupa haberme equivocado, pero no me perdono haber depositado confianza en mí misma en un universo donde serpientes eternas mantenían sus bocas bien abiertas mientras yo paseaba por sus lenguas sin percatarme de la humedad concentrada bajo los pies.

Vivimos en una sociedad en la que prevalecen los sinsentidos y donde preocupa más el modelito que llevas puesto que el hecho de ser una persona decente, y no lo digo a modo de pataleta... O tal vez sí. Perdónenme si soy incapaz de tragarme esa bola espesa y maloliente que se llama industria musical y aceptar sin más el declive no solo del arte sino de la sociedad. Cada uno de los ingredientes que componen el mundo al que he pertenecido en un absoluto y desasosegante silencio me resultan más y más azarosos. Llevo algunas semanas rumiando estas ideas y lo más sorprendente ha sido contemplar desde la barrera lo que significa estar expuesto. Comprobar que la gente anda esperando el estreno de un reality de cantantes para destriparlos sin piedad me parece muy deprimente, y lo peor es que sean otros cantantes quienes lo hagan. No señores, no es sencillo exponerse con 20 años y recibir de golpe toda la mugre del mundo. La suma que hay que pagar a cambio de creer en ti mismo es escandalosamente alta, pero al parecer muchos han perdido la memoria.

Para poder desempeñar mi tarea he tenido que aguantar infinidad de absurdos por parte de los dinosaurios del sector que lo único que hacen es perjudicar seriamente algo tan fundamental como deficiente en estos tiempos: Avanzar. Sí, avanzar. Una cosa básica en cualquier patria que se precie y de la cual nos hemos alejado tanto que por más que pisemos el acelerador se ha convertido en un viaje sin retorno.

Normalmente diría que no siento rabia, ira o impotencia, pero me he propuesto no volver a decir ni una mentira más, así que en efecto, estoy enfadada. Por desgracia mis palabras no tendrán la repercusión necesaria para poder cambiar las cosas. Sería tan ridículo como pretender tapar el sol con un dedo, mas reconozco que a modo de terapia me está viniendo de perlas y el resto poco me importa. Como poco importo yo siendo una minúscula parte del cosmos. Sin embargo y ahora que lo pienso, ese es mi cosmos particular, imperfecto y repleto de plagas incómodas. Es mío y solo mío, y como amante de las causas perdidas no puedo dejar que se ahogue en un triste agujero negro. Al menos me iré dando un portazo, pataleando y gimoteando hasta que alguien me preste un mínimo de atención. (Disculpen, el ego de nuevo.)

Así pues, si les interesa conocer mi humilde historia, los invito a leer los capítulos que definirán mejor que cualquier entrevista íntima todo lo bueno y lo malo que habita en mí. No se trata de nada ambicioso, tan solo son fragmentos de la historia de alguien que se hartó de guardar silencio y de encajar siempre en lo políticamente correcto. Porque una vez hablas desde el vacío, ninguno de tus monstruos puede atraparte.

13 comentarios:

  1. Muy bueno, amiga!! Me encanta! Y estoy seguro que todos jugamos un papel importante en este universo. Está todo conectado. Enhorabuena por tus palabras sinceras!! Ojalá nos vemos pronto! 😘

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    1. I love you, Mo. Te echo de menos! Un abrazo grande

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  2. Todo un desnudo emocional integral... Valiente y transparente, no todo el mundo se enfrenta a las realidades de sus síndromes así , ni bebe casi inmune de su propio veneno... felicidades

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  3. Muy valiente por tu parte. Lo mejor es que a veces se haga un alto en el camino, respirar hondo y seguir hacia adelante.

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  4. ¿Sabes lo que más me gusta de todo esto? Que eres de verdad. Gracias por tu sinceridad, por dejar una parte de tus sentimientos y compartirlos. Estamos acostumbrados a un mundo desnaturalizado, donde el que muestra sus sentimientos es débil, donde no importa lo que sientas para alcanzar éxito, y a mi modo de ver es todo lo contrario. Lo que sentimos y el por qué lo sentimos es nuestra seña de identidad más potente.

    Me duele ver como una artistaza como tu ha tenido que ser envenenada de tal manera. Ya no sólo a nivel de artista, si no a nivel humano. Por sacar algo bueno de esto, como bien dices, es una buena terapia para purificar el alma. Y no hay nada más importante que estar en paz con uno mismo.

    Desde aquí decirte que me enamoraste como artista, pero mucho más con lo que conozco de ti como persona. Mucho ánimo y de nuevo, gracias bella. Un besazo.

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  5. Muchas gracias a todos por dedicar su tiempo y por sus buenos deseos. Gracias Mayka y gracias Rafa. Un besazo a los dos

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  6. Muchas gracias por recordarnos que el mejor regalo que podemos hacernos esta Navidad es apostar por la verdad que hay en nosotros mismos. Enhorabuena por tu coherencia personal y profesional y por la valentía de hablar de domesticar el ego públicamente (todos deberíamos hacerlo y nos iría mucho mejor como sociedad). Brillaste, brillas y brillarás SIEMPRE, tanto en persona como en el escenario. Lo he/hemos visto, sentido y saboreado. GRACIAS de todo corazón, Saray. ¡Un gran abrazo! Tu amigo Carlos ;-)

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  7. Muchas gracias, Carlos. Eres un encanto. Sabes que te aprecio mucho. Muac!

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  8. Amén, criatura.
    Que grande eres. Sigue con esta terapia de dejar cada cosa en su lugar y de soltar esos lastres, y sigue el camino el corazón te vaya marcando.
    Respira hondo, vive y pa'lante.
    Un placer formar parte de tu cosmos particular, a veces ni necesitamos más.
    Te quiero, mona!!!!

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  9. Gracias Tati! Nada como librarse de la carga innecesaria. Es como cuando llegas del súper y sueltas de golpe las bolsas que te cortan la circulación de los dedos jaajaja. Un beso, mi niña

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  10. Amiga, me siento muy orgullosa de ti. Muy pocos serían capaces de abrir su corazón como lo estás haciendo tú, y no por temor a las consecuencias, sino por cobardía para aceptar que la vida es un aprendizaje continuo y que todolo que nos ocurre, realmente tiene un propósito superior. Otros se pierden la oportunidda de crecer, como sí lo haces tú. Te quiero, pequeña!!

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  11. Cristina! Muchas gracias por dedicarme siempre palabras tan dulces. Y estoy completamente de acuerdo contigo respecto a que vivir es aprender y quién sabe qué aventuras están por venir. Un beso enorme, mi niña!

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