viernes, 19 de enero de 2018

El precio de la libertad

Una vez atraviesas esa compuerta que desde la distancia se te antojaba enorme, (mas de cerca era tan diminuta que debías cruzarla a gatas), ya no vuelves a tener sentido de la orientación. Y hasta que no se comercialice ese dispositivo que marca siempre el Norte que Samanta Villar nos mostró en uno de sus programas, me temo que seguiré algo despistada.

El éxito siempre me ha parecido un concepto complejo y abstracto aunque a la mayoría le resulte sencillo de explicar. Por norma general quienes no conocen qué se halla tras la compuerta de la que hablaba en la introducción, suelen describir el éxito como un anuncio de Marina d´Or. Yo discrepo, cosa que ya tengo por costumbre cada vez que alguien me oferta algo que a lo lejos deslumbra pero que de cerca atufa un poco. ¿Qué es el éxito? Según el diccionario, consta de tres acepciones: 1. Resultado feliz o positivo. 2. Buena aceptación. 3. Cosa con la que se ha alcanzado la fama. Y es la tercera de las acepciones la que me parece algo contradictoria, pues el hecho de que algo alcance la fama no significa que el resultado sea feliz o positivo, ni que tenga buena aceptación. A lo mejor es que yo soy una picajosa, pero es uno de mis grandes dilemas. Se puede alcanzar la fama y no obtener el resultado deseado, y de eso servidora podría realizar una tesis. 


Hay gente que me para por la calle y tras la foto y la charla de rigor suelen decirme: -Ojalá tengas éxito, te lo mereces.- Supongo que se refieren a tener mayor proyección y a regresar a las pantallas, porque lo cierto es que siento que alcancé el éxito hace tiempo, al menos algunas de sus acepciones. Aun así entiendo que se trata de un buen deseo y siempre agradezco que alguien que no me debe nada me dedique un sentimiento optimista. 
 

En lo que a mí respecta el éxito siempre tuvo y tendrá otras connotaciones. No me sentí más exitosa tras salir de Operación Triunfo, de hecho experimenté una tristeza completamente nueva para mí hasta aquel entonces. Quizá no tuve el asesoramiento necesario para asimilar el enorme cambio que supuso pasar del anonimato a la popularidad en lo que dura un chasquido de dedos. A lo mejor es que nunca se me ha dado bien disfrutar de las cosas sin antes darle varias vueltas, pero lo cierto es que lejos de sentirme una estrella inalcanzable que galopa cuando quiere a lomos de un pegaso, yo solo hallé una soledad infinita, algo que dista mucho de la primera y la segunda acepción de éxito. 

 
Así pues ese vocablo seguirá resultándome un término a debatir, porque no me negarán que lo que puede parecer perfecto para unos es posible que sea insuficiente para otros. Supongo que será cuestión de miras y necesidades personales o incluso habrá quienes no se detengan a repasar qué resultados obtuvieron en el pasado. En su lugar andan tratando de localizar metas que todavía nadie siquiera se ha permitido soñar, conscientes de que el camino va a ser escarpado y lleno de peligros. A veces el recorrido les planteará dudas, situaciones en las que repasarán cuáles son sus principios y si merece la pena obviarlos por llegar antes a su destino, y tras volver sobre sus pasos para elegir otra bifurcación, hallarán la verdad sobre la vida, tan dichosos y plenos que habrán olvidado por qué iniciaron la ruta que los llevó hasta allí. 

 

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