martes, 23 de enero de 2018

La calabaza una vez es buena

 
Ay las etiquetas, cuánto daño han hecho. Todo el mundo piensa que nacieron junto a las redes sociales, pero la realidad es que han existido siempre. Y si no se lo creen echen un vistazo a los concursos televisivos. ¿No se han dado cuenta de que siempre se cataloga a los participantes con una acotación? Por ejemplo: Pepito el guapo, Juanita la simpática, Pedrito el rebelde, Paquita la borde... Cuando acaba la travesía mediática han de regresar al mundo real, solo que jamás dejarán de portar esos apelativos. En mi caso yo comencé siendo Saray la gorda y poco después pasé a ser Saray la quejica. Y todo solo en cuatro meses. Claro que nadie reparó en que quizá existían, no solo más adjetivos para describirme, sino motivos para haberme ganado el de quejica. Sin entrar en debates sobre si mis quejas, ruegos, lágrimas y demás trastornos estaban justificados, solo diré que las personas por suerte o por desgracia tenemos más valores que nos califican, y aunque pueda ser interesante para un espectador descubrir cuánto conforma a cada uno de los individuos que está viendo a través de la pantalla, al formato en concreto puede que no le parezca oportuno mostrar sus otras facetas.

 
Todo se reduce a ganar pasta y claro, la telerrealidad no es real, aunque partiendo de la premisa de que sí lo fuera ¿qué clase de interés generaría en el espectador? No tendría ningún sentido. Para ver realidad de la buena hablaría con los suyos mientras cena y no los mandaría a callar tras subir el volumen de su televisor. Quiere ver extravagancias y cosas escandalosas, asuntos que le ayuden a despejar su mente de lo verdaderamente importante un par de horas para poder compartir la opinión que le merecen al día siguiente con sus compañeros de trabajo o con los cientos de amigos virtuales que tiene a través de Twitter y otras plataformas (no vaya a ser que el mundo se pierda su importante reflexión al respecto). Así pues, la labor de un director de casting no es sencilla. Cada edición del programa de turno se dedica a escoger perfiles que encajen en el sistema que durante años ha proporcionado beneficios en forma de moneditas y billetitos. Y no pasa nada, la vida sigue. Todos disfrutan con el pasatiempo. Todos menos los ratones que vemos a través de la jaula, tan tiernos y expuestos ellos.


Ya sé que los humanos son los únicos que tropiezan dos veces con la misma piedra (algunos tres, cuatro y cinco), pero no es mi caso, al menos en cuanto a trabajo se refiere (es lo que tiene ser marciana). Más de una vez me han dicho: -¿Y por qué no te presentas a la Voz? ¿Irías a un Operación Triunfo el reencuentro? ¿Por qué no participas en Got Talent?

Vamos a ver, ¿más realities? No, gracias. En mi tierra se dice que “la calabaza una vez es buena” y no hay mayor verdad. Si algo aprendí de la vida es que las segundas partes nunca mejoran la primera, y si esta ya ha sido lo suficientemente intensa (o perturbadora) mejor dejarlo estar.


Pienso que los realities musicales están para ofrecer oportunidades a artistas desconocidos por el público, y puesto que yo ya tuve ocasión de demostrar mis capacidades (queridas por unos, aborrecidas por otros), creo que debo dejar el trampolín libre para quien quiera saltar. Mi experiencia en televisión me dejó marcada, así que solo la idea de volver a encerrarme y formar parte de otro concurso me resulta insoportable. Si bien es cierto que aproveché al máximo mi oportunidad y que gracias al escaparate que supuso para mí trabajé durante mucho tiempo, siento que formatos similares ya no pueden aportarme nada más. Agradecida y emocionada, solamente puedo decir gracias por venir. Y punto. 

 

4 comentarios:

  1. Sabía, sin leerlo, de que iba la cosa. Y me alegra haber acertado. Coincido con vos, mileidi. Viviste la experiencia, aprendiste y a otra cosa.
    Mola leerte...
    Besos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja, si es que me conoces ya mucho, creo yo. Claro que sí, tomar nuevas direcciones, bifurcar, hacer giros y coger rotondas... El recorrido tiene que avanzar en cualquiera de los casos. Un abrazote, morena!

      Eliminar
  2. Cuánta razón.. Saray... que buena reflexión.

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias, Luis Alberto! Un abrazo y gracias por leerme.

    ResponderEliminar