viernes, 5 de enero de 2018

Operaciones y triunfos


Quizá no me crean pero no he visto ni una sola gala de la nueva edición de Operación Triunfo. Me alegro por el buen recibimiento que está obteniendo por parte del público pero no puedo opinar acerca de los cantantes u otros aspectos del programa porque todo cuanto sé del mismo es a través de críticas de terceros y tengo por costumbre no opinar si no veo las cosas con mis propios ojos. Así que tras aclarar que en estas líneas no voy a posicionarme del lado de ninguno de los participantes de esta edición, seguiré con mi cometido.

Escuchar la sintonía del programa en una de tantas propagandas que recordaban al espectador el regreso del mítico reality, consiguió trasladarme diez años atrás desencadenando en mí un cataclismo en forma de lágrimas. Algunas rezumaban un sabor amargo; un regusto que creía olvidado pero que tras los primeros acordes que ofrecía la televisión, regresaba a mi mente como si la última década hubiera pasado con extrema celeridad (en un abrir y cerrar de ojos, vaya). Además del sabor amargo también hubo hueco para matices como la nostalgia, y automáticamente los rostros de los amigos que hice en aquella época volvieron a mi cabeza. Aparte del estrés y el cambio que supuso OT en mi vida, no puedo negar las cosas buenas que me ofreció la Academia: Noches de charlas, sesiones de cine y paquetes de pipas invadiendo el dormitorio, lágrimas (de las buenas, esas que emocionan y unen a la gente), risas y bromas en el comedor, y abrazos que reconfortaban cada vez que nuestros demonios nos atacaban en el encierro. Por supuesto no me olvido de esos días en los que sentía que alguien me empujaba a un precipicio cuya caída prometía ser dolorosa, y debido a la oscuridad que me rodeaba nunca supe en qué momento exacto me estamparía contra el suelo. Al salir del programa me encontré con mi yo más temeroso, un yo plagado de inseguridades que solamente me causaba desazón. El estrés me pasó factura, no solo físicamente, sino también a nivel emocional. Diez años más tarde, todavía sufro las secuelas.


Dicho esto, porque quiero ser lo más justa posible, me gustaría aclarar por qué no veo las galas de la nueva edición. Sé que para muchos resultará contradictorio, pero sin duda quien haya experimentado algo similar entenderá por qué me traumatiza tanto sentarme frente al televisor a contemplar cómo jóvenes inexpertos se exponen ante un país entero cargados de una ilusión que al final les reventará el pecho. No hay más que echar un vistazo a Twitter, Facebook, Instagram, etc, para saber que son el nuevo entretenimiento de muchos españoles. Algunos saben respetar a estos muchachos, entendiendo que no son más que chavales con sueños que pretenden convertirse en iconos mediáticos ignorando la fecha de caducidad que pone la etiqueta del envase. Pero otros emplean sus peores habilidades con tal de desprestigiar a los nuevos sparrings que ofrece la cadena, y personalmente lo considero una crueldad innecesaria.




Ser consciente de este hecho no implica que niegue mi pasado o que lo considere algo vergonzante, no; significa que cada uno tiene el derecho a valorar los pros y contras de una exposición continuada, analizar qué cosas buenas y malas van a perfilarse en su camino si permanece en el mismo emplazamiento, y desde luego tener la libertad de rechazarlo si no le convence. Negar Operación Triunfo sería aparte de una estupidez, una falta de respeto. Obvio es que al margen de que no obtuviera los resultados deseados fue un episodio importante de mi vida, una amalgama de elementos relevantes y fundamentales que marcaron mi personalidad hasta el presente, para bien y para mal.

No pretendí jamás ser el plato estrella del formato, (máxime teniendo en cuenta la timidez e inseguridad que me invadía por aquel entonces) pero quiero dejar bien claro que nadie me regaló nada. Luché cada una de las horas que permanecí en el interior de la Academia y me gané cada uno de los beneficios de los que gocé al salir (pocos, pero alguno hubo). No sentí en ningún instante que se me facilitara tarea alguna y cabe decir que tampoco lo hubiera permitido, ya que me tomé mi participación en el programa como una prueba que debía superar para demostrarme a mí misma que todos mis esfuerzos previos cobrarían significado formando parte de un catálogo de simples anécdotas.

Pese a que muchos piensan que mis problemas con la música tuvieron que ver con mi paso por el programa, nada más lejos de la realidad. Ya había experimentado más de un palo antes de entrar, de hecho, la quinta edición de OT (la tercera a la que me presentaba) era la prueba definitiva que me había autoimpuesto como un ultimátum en el que debía elegir si quería prolongar mi viaje como cantante o si tenía que cambiar el rumbo para evitarme más veneno en puntas de flechas.

Mi paso por festivales, pruebas televisivas, conciertos y actuaciones a nivel regional, me enseñó que en todas partes cuecen habas y que independientemente de la opinión general, en ocasiones has de aceptar una derrota. Nunca llueve a gusto de todos; a veces cae más agua de la cuenta, las gotas de lluvia son muy finas o gruesas, nos sorprende una tormenta furiosa o simplemente sufrimos serias sequías. Y por eso los resultados nunca se aceptan por igual. Para unos puede ser la lluvia idónea, y para otros un auténtico despropósito. Lo mismo sucede con los concursos de televisión. Las audiencias mandan, y del mismo modo que en los certámenes celebrados en una plaza de pueblo, los individuos (divididos en bandos que suelen apoyar al de su barrio o a quien les parece más simpático) se vuelcan en vitorear a su escogido como el participante que merece ser justo vencedor. Claro está que entre tanto griterío solo sobresalen los argumentos más sonoros, los más rudos y desconcertantes, favoreciendo al personaje de turno al tiempo en que se intenta perjudicar (y en ocasiones hasta difamar) al rival más fuerte.

Personalmente nunca he creído en rivalidades ni competencias. Prefiero pensar en la diversidad artística, y me complace la idea de la fusión, que se basa ni más ni menos que en sumar capacidades en lugar de avasallar a quien se considera un problema. De tal modo que, en vez de machacar con mentiras o malas artes a aquel que nos parece un rival difícil de superar, lo ideal sería que este formase parte de un conjunto. En conclusión: Es mejor admirar y respetar que pisotear, vilipendiar y masacrar a quien te obliga a mejorar. Porque muchas veces se trata de eso; muchos se apoltronan y se conforman con ser mediocres y por tanto, cuando aparece alguien con hambre de autosuperación y pone en riesgo el asiento calentito del que disfrutan algunos vagos, este se convierte automáticamente en un fastidio. Por mayores conflictos de intereses que se puedan producir entre dos artistas, me parece un auténtico disparate que estos deban desangrarse en un combate dialéctico o que sus respectivos agentes saquen porquería del otro con tal de desacreditarlo para así subir un peldaño más que el enemigo. Y no me digan que en los negocios (como en la guerra) todo vale, porque me gusta pensar que todavía queda hueco para cosas que no se compran con dinero, como la integridad, por ejemplo.


Visto desde fuera puede parecer un episodio de telenovela barata, pero lo cierto es que en más de una ocasión me intentaron confundir para que tomara la senda que me ofrecían sin protestar. Pronto alguien me dijo:- Será difícil que progreses, porque para que una estrella emerja, otra debe ser apagada.-

Saquen sus propias conclusiones. No voy a decir qué contrincantes trataron de imponerme, ni tampoco repasar la lista de quienes se empeñaron en saturar de obstáculos mi recorrido. Solo aclararé que jamás interpreté una canción pensando en ser mejor que nadie, y que desde luego si alguien quiso situarme como su rival sin duda no era consciente de lo poco que me importaba estar en la cima o la base de la montaña.

Lo que sí me gustaría decirle a los chicos que protagonizan la nueva edición de Operación Triunfo es que si pretenden aspirar a ciertas metas tras su paso por el programa, deberán cuestionarse si están dispuestos a comerse cualquier cosa que otros sirvan en sus platos. Puede que algunos tengan estómagos a prueba de bomba, pero lo que sí está claro es que todos los sabores que enfrenten no siempre serán perfectos ni dulces, y que hasta el sistema digestivo más fuerte puede acabar plagado de úlceras.


6 comentarios:

  1. A mi me pasa algo parecido en cuanto a lo que me cuesta ver OT. En mi caso me puede la nostálgia y el sabor amargo de haber estado tan poco tiempo. Eso sí, de lo poco que sé de la nueva entrega, es la subida de humos que tuvieron algunos por firmar 4 discos. Eso me recordó mi propia experiencia y al final me dan lástima. No saben como es la cruda realidad. En poco tiempo nadie se acordará de ellos. Algunos lo superarán pero otros... Lo que quiero decir es que si yo pudiera volver allí sabiendo lo que sé, disfrutaría la experiencia tanto como pudiera porque ya no tendría expectativas ni incertidumbres. Simplemente aprovecharia esos tristes 21 días y a otra cosa.Ah, y me evitaría meterme en los líos que tuve después.

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    1. Yo estuve 4 meses y no repetiría la experiencia, pero supongo que tiene que ver con la personalidad de cada uno. Me divertí y también lloré, y creo que ahora tocan otras cosas. Las etapas pasan y uno aprende de ellas... Y ahora solo toca seguir creciendo, no?. Gracias por leerme y comentar, Xavier. Un besazo!

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  2. Con lo que os tenéis que quedar es con la gente que habeis conocido gracias a eso. El resto... una experiencia más;)
    Myriam

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    1. Sí, claro! Me quedo con los buenos amigos y la gente buena como tú, Myriam! Un besazo, guapa!

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  3. Yo ni pude ver una edición más que la tuya, después de vivir en directo lo que se cuece en ese tipo de programas sería absurdo hacerlo, un atentado a la inteligencia. Personajes insoportables y crueles que no dudan en masacrar con guión a quién se ponga por delante. Lo peor es qué los hay incluso infantiles, niños llenos de ilusiones y padres emocionados esperando que ocurra, qué les pase a ellos... ¡oohhh la fama!! A todas esas personas que sueñan con llegar a algo asistiendo a estos eventos ávidos de "carnaza para el entertainment "pues suerte!!

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