martes, 16 de enero de 2018

Sorderas selectas

La expresión “no hay peor ciego que el que no quiere ver” siempre me ha parecido muy interesante. Y se podrían hacer miles de variaciones de la misma únicamente cambiando un par de palabras: “No hay peor sordo que el que no quiere escuchar”, por ejemplo. ¿Cuántas veces los medios de comunicación han crucificado a un artista cuando tiene un mal día y hace un concierto bochornoso? Yo no comparto esa idea de salir a cantar sea cual sea el estado de salud del intérprete, porque cuando alguien paga una entrada para ver a su artista preferido, espera cierto nivel por su parte. Aun con todo y si el cantante intenta ofrecer lo mejor de sí mismo a pesar de sus problemas, me parece ilógico atacarle por el mero hecho de no haber dado un buen concierto. (También hay artistas que nunca han tenido un buen directo, pero ese es otro cantar...) Y ahí están los periodistas, colaboradores televisivos, locutores y blogueros, (la mayoría de ellos unos profanos en el mundo del arte) avasallando a base de patadas verbales y creyéndose de repente unos críticos cualificados que pueden decir cuanto se les antoje. Sin embargo lo más curioso es que probablemente sean los mismos que tiempo atrás los defendieron contra viento y marea porque tenían la esperanza de recibir por su parte la exclusiva ansiada. 
 

Al margen de esto creo que los sordos selectos no son solo los críticos o pseudocríticos. Quienes consumen música habitualmente también pueden llegar a ser los primeros en lanzar al vacío a los que han sido sus artistas favoritos si de pronto hacen o dicen algo que no les gusta. Y lo respetaría siempre y cuando fuera una decisión propia, es decir, si no existiera una influencia externa para sacar esas conclusiones. Somos tan tontos que en ocasiones nos introducen ideas y creemos que surgen de nuestra propia inteligencia. Cualquier persona que sea consciente de la manipulación de los medios habrá percibido alguna vez cuán poder tienen los mismos. Si un programa de televisión con gran audiencia se propone hundir a un individuo, lo conseguirá sin grandes esfuerzos. Y ahí nadie es neutral, de hecho el partidismo se hace patente dejando en ridículo a quien apuesta por defender a quien considera en una situación de desamparo entre los zarpazos de sus detractores.

Sucede a veces que un artista que solía ser recibido entre aplausos, claveles y halagos fáciles, de pronto se encuentra con un terrible e impuesto ostracismo solo porque cayó mal a unos cuantos. Pero esos cuantos no son unos cualesquiera, y ahí está la clave. Si quieres desarrollar una actividad artística te conviertes automáticamente en un “bienqueda”. No es sencillo mojarte en una sociedad donde o eres del Barça o del Madrid, de izquierdas o de derechas, de Chenoa o de Bisbal... No puedes vincularte a ningún bando porque entonces el centro de las críticas serás tú. 




Qué difícil es morderte la lengua porque temes que malinterpreten tus palabras o que una postura puntual te defina a partir de ese momento. Cada una de tus declaraciones, sean serias o no, marcarán poderosamente tu imagen pública. Así pues te conviertes en una especie de muñeco que solo habla de cosas bonitas que no aceptan crítica alguna: Amaneceres, mascotas, canciones lindas, comidas deliciosas... No vaya a ser que demuestres tener un poco de sentido común y ofendas a alguien. Y todo sea dicho, cuánto ofendido hay por ahí suelto.

2 comentarios:

  1. Sí, dar tu propia opinión puede merecerte un beso o un buen bofetón.
    Eso y el no poder tener privacidad en tu vida diaria por el mero hecho de ser "famoso" . Yo si entiendo cómo los personajes públicos pierden el control y la compostura ante este ataque a la libertad del ser humano , que es al fin y al cabo.

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    1. En efecto, parece que el hecho de salir a la palestra ya implica que lleves contigo esparadrapo y alguna camisa de fuerza, por si acaso. Jajaja.. (Veo que estás poniéndote al día! Un besote, mi niña)

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