miércoles, 23 de mayo de 2018

Unas pocas normas sencillas

Recuerdo el día que conocí a Laura Pausini. Y aunque su música ha formado parte de mi banda sonora personal, me conquistó mucho más allá de su talento. Hablaba desde una brutal honestidad, algo que en aquel instante me parecía necesario y hasta divino. Jamás olvidaré una de las primeras frases que nos dedicó:- Yo no he venido a romperle los sueños a nadie, pero cuando salgan de aquí se encontrarán con un mundo que quizá les decepcione.-



Me impactó su sinceridad. Quizá otros hubieran preferido una afirmación algo más edulcorada, pero lo cierto es que a mí me pareció sublime. No hubo caricias ni preliminar alguno. Tan pronto hizo acto de presencia, su naturalidad me resultó maravillosa. Pocas personas del mundo del espectáculo me han parecido tan reales. Percibí de inmediato cierta angustia silenciada. De algún modo entendí que sus palabras no tenían intenciones hirientes sino que más bien se trataba de un consejo casi maternal. En su momento lo interpreté como una reflexión de lujo, es decir, que una artista de talla internacional como Laura Pausini compartiera con nosotros su experiencia de esa manera, supuso un enorme aprendizaje. Y no había reparado nunca en su tono hasta hoy. 



Tal vez me haya pasado un poco durante las últimas semanas. Los que me leen con cierta asiduidad saben que el tono que empleo para hablar de mi contacto con la música suele estar marcado por la acidez, pero sin duda lo he hecho con la mejor de las intenciones. Hace poco uno de mis lectores me comentó que mi perspectiva era algo deprimente. En pocas palabras me dijo que mi relato se le antojaba angustioso y que con semejante forma de manifestarme podía hundir los sueños de alguien que pretende crecer artísticamente. Así que tras pensarlo unos días he decidido pedir disculpas porque esa no era mi pretensión. Pienso que por más hermosas que sean nuestras aspiraciones uno no debe arriesgarse a respirar cualquier sustancia. No podemos ir con la boca y el pecho abiertos esperando hacer un recorrido sin sufrir heridas o traumas. Mi forma de ser me impide decirles que sean confiados y que únicamente creyendo en sí mismos van a lograr todas sus metas. Me gustaría de todo corazón poder gritarles que si quieren podrán volar, pero lo más probable es que cuando se sientan preparados para alzar el vuelo se estampen contra el edificio más cercano o sencillamente una corriente de aire inesperada les haga planear unos instantes; los suficientes para hacerles creer que tanta decepción estaba justificada.
 

En lugar de llenarles la cabeza con pájaros e historias no aptas para diabéticos, yo prefiero soltar unas cuantas verdades:


  1. Si son artistas huyan de un trabajo que solo les proporcione dinero.

  2. Aléjense de aquellos cuyas críticas no resulten constructivas. 
     
  3. Acepten y celebren los tropiezos. Cáiganse y levántense. En eso consiste la vida. 
     
  4. Cuestionen las cosas cuando les parezcan incorrectas. 
     

El resto solo se trata de propaganda, una caja de cartón pintada de rosa chicle decorada con un enorme y precioso lazo cuyo interior oculta un vacío insoportable que a la larga resulta nocivo y hasta mortal.





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