miércoles, 20 de junio de 2018

Fantasmas y otros sucesos extraños

Si en el anterior post hablé sobre las psicofonías como nuevo modo de denominar a las barbaries musicales, en esta ocasión quiero hablar de los fantasmas del sector. No son espíritus ni entes vaporosos, están muy vivos, (quizá demasiado) y aunque me mantengo lejana de ouijas y demás métodos para contactar con el más allá, he tenido que lidiar con un mundo tan paranormal como inexplicable. 
 

Podría irme por las ramas y decir con metáforas que en esta industria hay gente con personalidad difícil, excéntricos que por su condición de genios tienen graves problemas de conducta. Pero hablaré claro: Son fantasmas. Es muy fácil identificarlos, ya que suelen presumir de sus proyectos afamados, de haberse acostado con decenas de celebridades y por supuesto, siempre andan criticando la escalada de quienes no les caen bien. A menudo mienten más que hablan, prometiéndote el acceso a una mina de rubíes cuyo paradero solo ellos conocen. Al final, cuando el tiempo pone a cada uno en su sitio, te percatas de que no eran más que sandeces, y que en realidad aquellos cretinos disfrazados con sábanas y cadenas no tenían ni idea sobre cómo llegar al destino deseado. (Es más, muchos de ellos no saben ni lo que es un mapa). Son en definitiva unos comerciales excelentes que te convencen de que el cielo es verde mientras te arrebatan la alegría, el dinero y en ocasiones hasta el último resquicio de inocencia que te quedaba. 
 

Cuántos fantasmas pretendieron embaucarme... Algunos lograron que perdiera hasta los nervios, y eso que me considero una persona paciente y razonable. Mienten en la presentación, en el proceso y hasta en la despedida. La cuestión es no asumir las responsabilidades de sus actos, y si para apoyar sus excusas tienen que intentar desacreditarte, lo harán. Si el proyecto fracasa es solo culpa tuya. Y tienen razón. La culpa es tuya por ser tan confiado, por no tener ni idea de cómo funciona este trabajo, por ir con el pecho abierto en canal fundando tus esfuerzos en una ilusión. Bienvenido al mundo de las víboras.



Uno espera que alguien que obtiene beneficios tras explotarte tenga un mínimo de decoro a la hora de darte la patada, sin embargo les diré que si antes consideraban que no eras nadie y que te hacían un favor llevándose x porcentaje de tu trabajo, ahora que no vales ni un euro, te conviertes automáticamente en basura. Y al igual que a un insignificante icono en un PC, te arrastran por todo el escritorio hasta la papelera de reciclaje. Pobre de ti si te quejas, porque en caso de querer irte con un ápice de dignidad, te borrarán definitivamente. 
 

Una vez se hace el exorcismo pertinente, te libras de esos fantasmas (al menos una temporada). Lo malo es que la vida tiene muchos escenarios encantados (o poseídos más bien), así que no es extraño encontrarse cuando menos te lo esperas con clones de Casper, Sleepy Hollow, la niña de la curva, Beetlejuice o Slimer. Al menos nos entretendremos por el camino, ¿no? Y si no son fantasmas, pues serán payasos. 


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